jueves, 26 de marzo de 2015

¡Es la educación, estúpido!

James Carville, asesor de Bill Clinton en la campaña electoral de 1992 a la presidencia de los Estados Unidos, promovió la expresión "es la economía, estúpido" para poner el foco en los problemas internos del país, en contraposición a la obsesión del, entonces presidente, George Bush con la política exterior.

Hoy es una estructura muy usada para poner en valor los aspectos esenciales en cualquier ámbito. La educación, por ejemplo. Pero en su más amplia acepción, en contextos académicos, sociales y psicológicos.

Hay individuos que se empeñan en destruir todo aquello que es susceptible de convertirse en un bien común. Y no hablo ahora de Wert, aunque pudiera... 

Estos días hemos podido contemplar, estupefactos, en las redes sociales, dos formas salvajes de libertad de expresión, que al fin y al cabo responden al mismo comportamiento sociópata e inculto. Ante el trágico accidente aéreo de GermanWings en el vuelo de Barcelona a Dusseldorf, decenas de usuarios de Twitter llegaban a insultar y mofarse de las víctimas valiéndose de estos argumentos, si es que se les puede llamar así:
  1. El retraso en el comienzo de la emisión, debido a la información sobre el accidente, de un programa que tendría que haber desaparecido de la parrilla hace mucho tiempo: ir a la noticia.
  2. El lugar de procedencia de los pasajeros: catalanes y alemanes: ir a la noticia
Hay ciertos sectores que, ante hechos de este calado, intentan criminalizar, sin discriminación, la tecnología en general y las redes sociales en particular. ¡Es la educación, estúpido!

Como decía mi compañero Josean Prado, gran educador innovador, aprovechemos este potente material que nos proporcionan estas noticias para trabajar en el aula.

La pregunta es ¿qué podemos hacer ante estos hechos? El ministro del interior ha ordenado perseguir a estos usuarios de redes sociales y actuar con tolerancia cero. Hace ya algún tiempo el mismo Jorge Fernández Díaz anunció que buscaría reformas legales para perseguir la apología del delito y la incitación al odio en internet. Especialmente acertado estuvo el consejero de interior de la Generalitat asegurando que los delitos hay que perseguirlos en la red y fuera de la red, pero advirtiendo contra criminalizar las redes sociales y limitar la libertad de expresión en Internet. 

Pero no es suficiente. Hay que hacer una reflexión desde la educación, sobre hacia dónde deriva el uso inadecuado de las redes sociales, cómo se convierten en altavoces de actuaciones intolerables, y cómo puede matar todo lo bueno que nos proporcionan, el despreciable uso que, en ocasiones, se hace de ellas. En la educación está la clave. Nadie habla de incluir en los currículos y planes de estudio acciones concretas o globales, o áreas específicas de educación en la red, de netiqueta e identidad digital. Y es necesario y urgente. Lo único que tenemos es la prohibición, impregnando todo con ese matiz negativo y desvalorizando todo lo positivo que nos proporciona la tecnología e Internet.

Es cierto que, en el caso de estos individuos, se aprecian carencias educativas más allá de lo que concierne al comportamiento cívico que cualquier usuario responsable debe guardar en redes sociales o internet en general. Pero hay otros muchos casos, y seguro que todos conocéis alguno en vuestros centros, en los que el desconocimiento conduce a llevar a cabo acciones que no se darían en su "vida física". Esto lleva a disociar la identidad personal con la digital, a la no convergencia, cuando todos somos conscientes de que la distancia entre una y la otra cada vez es menor. Y se usan entornos que tendrían que ser socializadores para todo lo contrario, con comportamientos en los que se pierde la noción de esas mismas normas sociales, valiéndose de un anonimato que habría ya que desterrar de la red de una vez.

Y hay que empezar en la escuela, en los institutos, en la universidad. Educando a alumnos, docentes y familias. Porque ninguno de estos estamentos está lo suficientemente formado. Se han establecido formas de comunicación y de relación que hasta ahora no conocíamos, pero en las que hay que mantener el mismo comportamiento que en las tradicionales. La frontera entre la vida "material" y la "virtual" cada vez es más difusa. Y todo esto reclama nuevos aprendizajes y orientaciones. Pero no incidiendo en lo negativo, sino cruzando el umbral del miedo a lo desconocido y neutralizándolo con un enfoque positivista.

¿Cómo es que en la mayoría del mundo laboral se da una vital importancia a los medios sociales y en educación son una pura anécdota? Si queremos formar ciudadanos competentes, estamos fallando en algo que incidirá directamente y con mucha amplitud en su vida personal y profesional.

Potenciemos el uso de las redes sociales para construir, para colaborar, para difundir nuestro yo emprendedor, creativo, innovador, que sean amplificadores de nuestros logros, de nuestro trabajo, aficiones,.. Y no las criminalicemos capándolas o prohibiendo su soporte tecnológico, los dispositivos móviles, porque de esta forma no podremos aprender, ni los unos ni los otros. Revisemos los reglamentos internos, y no solo permitamos el uso de estos dispositivos, regulándolo, por supuesto, sino que podemos recomendarlos en su uso didáctico, aprovechando todo su potencial para crear, porque así, dejaremos de destruir.

8 comentarios:

  1. Lo que falta en este país más allá de programas de tv (si es que se pueden llamar asi), más alla de redes sociales, de lo real y lo virtual... Más ala de todo eso es el respeto, la tolerancia, la empatía... La humanidad... En definitiva: falta mucha EDUCACION

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    1. Gracias por el comentario Celia. Y si, tienes razón, más allá de todo está en respeto y la educación.
      Un saludo.

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    1. Muchas gracias Maite. La verdad es que se agradecen los comentarios a un post, algo que se va perdiendo.

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  3. "Se han establecido formas de comunicación y de relación que hasta ahora no conocíamos, pero en las que hay que mantener el mismo comportamiento que en las tradicionales" Aunque queda también un buen trecho que mejorar en las tradicionales, ¡qué claramente expones lo que tantos aún se emperran en negar!

    Acabo de borrar lo que seguía porque la extensión se me iba a un post. Uno que hace meses quiero escribir, pero para el que nunca encuentro momento. Creo que tu acertada reflexión va a suponer el empujoncito para ello.

    A ver cuándo todos esos docentes que siguen de espaldas a la realidad se dan cuenta de que eso de que "las redes estarán muy bien pero tienen demasiados peligros" no legitima que las dejen de lado. Que es la vida, estúpidos.

    Gracias por la entrada, Juancar. Un placer leerte ;)

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    1. Muchas gracias Inés por comentar. Y qué bien has afinado cuando has escrito ¡es la vida, estúpidos! Educación y vida tendrían que ir siempre cogidos de la mano.

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